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Soy Aye,  y este es mi camino...

Durante muchos años hice lo que se supone que hay que hacer.

Estudié, construí una carrera profesional, crecí dentro del mundo corporativo y fui subiendo esa escalera que parecía llevarme hacia el éxito.

Y estaba bien. Era una parte de mí que también disfrutaba y valoraba.

Pero en algún momento empecé a sentir que había algo más.

Cuando conocí el yoga me enamoré. Sobre todo de la posibilidad de mirar hacia adentro, de conectar con algo más profundo, de comprender al otro, de soltar enojos y rencores, de dejar de vivir desde esa necesidad de tener cada vez más.

Empecé a preguntarme qué había detrás de todo eso que nos enseñan que tenemos que querer.

Practiqué durante más de diez años antes de empezar a enseñar.

Y un día me animé.

Renuncié a mi trabajo y me fui a Córdoba con la idea de estudiar yoga y vivir de esto.

También estaba construyendo otro sueño: una familia.

Pero la vida no siempre sigue el camino que imaginamos.

Volví a mi ciudad. Intenté nuevamente construir ese proyecto de familia y, finalmente, ese matrimonio terminó.

Durante mucho tiempo me costó aceptar que algunos sueños no iban a suceder como los había imaginado.

Es difícil dejar esa piel vieja.

Es difícil aceptar que una vida que imaginaste de determinada manera ya no va a ser así.

Y también entender que no siempre las cosas salen a la primera.

Separarme también significó aprender a estar sola.

Y estar sola no siempre fue fácil.

Hubo muchas noches de llorar y preguntarme qué iba a ser de mi vida.

Pero había algo que nunca desapareció: un pulso interno que me decía que iba a estar bien.

Aunque en ese momento no supiera cómo.

Siempre podía imaginarme del otro lado: bailando, brillando, sonriendo.

Y confié.

Empecé a viajar sola.

Descubrí las montañas y algo cambió en mí.

Subir, bajar, volver a subir.

Cada montaña parecía llevarse algo y devolverme otra cosa.

Más confianza. Más libertad. Más claridad.

Y entendí que quizás la vida también era eso: caminar, perderse un poco, volver a encontrarse y animarse a seguir.

Suban montañas. Suban!!

Mientras tanto, el yoga seguía creciendo en mí.

Empecé a llevarlo a mi trabajo en Recursos Humanos. Hacía meditaciones, daba clases, jugaba, me tiraba al piso, me ponía una peluca, me sacaba los zapatos.

Y descubrí algo enorme: no tenía que ser una persona distinta para cada lugar.

Podía ser yo.

También en una empresa.

También en una sala de yoga.

También en la vida.

Hace unos años empecé a dar clases y después llegó la formación como Profesora Internacional de Yoga Integral.

Seguí buscando espacios más grandes, más personas, soñando con ver una sala llena de practicantes.

Y hoy sigo siendo Licenciada en Recursos Humanos. No reniego de todo lo que construí. Es parte de mí.

Pero hace apenas unos meses tomé otra decisión importante: pedí una reducción horaria en mi trabajo para poder darle más espacio a este otro camino.

También significa ganar menos. Significa asumir un riesgo.

Pero esta vez no quiero decidir solamente desde el miedo.

Quiero escucharme.

Quiero vivir más en coherencia con lo que necesito y con la vida que quiero construir.

Y ahí aparece Bocana.

Bocana es un puente.

Un puente entre mundos que durante mucho tiempo parecían separados.

Entre el cuerpo y la mente.
Entre lo que pensamos y lo que sentimos.
Entre quienes somos y quienes creemos que deberíamos ser.

Pero, sobre todo, un puente para encontrarnos con nosotros mismos.

Quiero que más personas puedan descubrir el poder transformador del yoga.

Que puedan experimentar lo que yo experimenté: que una práctica puede empezar en un mat y terminar transformando la manera en que caminamos por la vida.

Una profesora me dijo una vez:

“Hacé yoga. Dalo. Donde quieras que vayas.”

Y eso es lo que hago.

Hoy, a través de Bocana, quiero compartir aquello que a mí me ayudó a volver a mí.

Porque quizás eso sea, en definitiva, lo que significa para mí Expansión Consciente:
animarnos a escucharnos, a cambiar de rumbo cuando sea necesario y a construir una vida que se parezca un poco más a quienes realmente somos.

animarnos a escucharnos, a cambiar de rumbo cuando sea necesario y a construir una vida que se parezca un poco más a quienes realmente somos.

Mi manera de acompañar

"Creo en prácticas profundas, pero posibles. En espacios donde no haya que hacerlo perfecto, sino poder parar, escuchar, respirar y volver a uno mismo".

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